Ahh, qué creyeron mis queridos pasajeros de este camioncito virtual ecológico que lleva por nombre The BlogBus, no nos hemos olvidado de que esta es la última semana de la promoción Blogbusero Por Un Día. nos atrasamos un poquito porque preparamos un cierre magnífico de temporada...
Traemos hasta ustedes 4 blog-girls, 4 blogstars, 3 rutas imperdibles de la mano de 4 señoritas (porque nos tocó un 2x1), 1 cierre de temporada blogbusera con broche de oro, ¿qué más podemos pedir?Unas caguamas.
Para empezar tenemos a una mítica escritora, una chica que ha causado sensación y revuelo en cuanto a su trayectoria bloguera, muchos la conocerán y algunos otros mueren por hacerlo, pero aquí en The BlogBus nos complacemos en presentarles a la dama de la narrativa correcta, ella es...
¿Qué? ¿Por qué me ven así? No se alarmen, queridos pasajeros, aunque hoy esté a mi cargo la ruta, será un viaje placentero; súbanle que ya casi nos vamos, y si no alcanza lugar, por su seguridá no le vamos a permitir que vaya de pie y va a tener que esperar la siguiente ruta.
¿Todos abordo? Bien, me alegra que estén cómodos y sonrientes, muchachos dejen de verme las piernas que el taco de ojo se cobra aparte y luego no quiero que me salgan con que a Chuchita la bolsearon, así que dirijan sus pécoras miradas a otros horizontes y mejor entremos en materia. Por cierto, si alguien quiere bajar, lamento decirle que se tendrá que esperar a que lleguemos a nuestro destino, soy pésima estacionándome. Entiéndanme, es la primera vez que manejo un autobús.
No, no soy una mala persona, sólo soy sincera: de verdad es la primera vez que voy a conducir un autobús y no lo digo para que se alarmen aparte, para su tranquilidad, contamos con un cuantioso seguro de vida.
En esta ruta, queridos pasajeros, haremos un pequeño flash back: Mi mamá siempre insistió en que debía aprender a manejar puesto que uno nunca sabe cuándo se podría necesitar, mi papá, misógino por excelencia, decía que las mujeres éramos pésimas conductoras y que el mayor porcentaje de accidentes era a causa del descuido y los inservibles reflejos de una mujer, así que no aprendí a manejar hasta que cumplí diecisiete o dieciocho, no recuerdo bien pero, irónicamente, me enseñó el novio que tenía en turno. Él, al igual que mi madre, creía que sería muy útil que yo manejara bien en caso de cualquier emergencia. Léase como emergencia el exceso de alcohol que pudiera correr por sus venas en cualquier momento del finde.
La primera vez fue divertido: un lote baldío, con algunas hierbas y baches pero, mejor aún, sin gente que pudiera morir por mi culpa. Una camioneta con transmisión standard fue quien me llevó por ese lote alrededor de una hora, él me iba indicando cuándo y cómo meter un cambio, y hacía dónde ir, yo obedecía y me sentía orgullosa de mí misma, puesto que alguien me había dicho: si no sabes andar en bicicleta, jamás aprenderás a manejar, en ese momento estaba manejando y seguía sin saber andar en bicicleta. Yay.
Todo iba bien hasta que me señaló la salida. Este imbécil quiere que nos matemos ¡Qué romántico!, pensé; después me negué a salir de ese lote y él, tan comprensivo como siempre, invadió mi sagrado espacio como piloto y empezó a mover el volante hacía la salida. -Ok, si quieres que maneje fuera de este lote lo haré pero bajo tu propio riesgo, le dije.
En el primer intento por salir me gritó: ¡FRENA!, y yo frené de golpe, de verdad me asustó muchísimo su histérico grito, incluso más que el de la señora que gritó cuando vio que íbamos directo a su casa.
Deben saber que soy una persona sensible y no soporto que me griten, altera mis nervios y mi adorable léxico sale con más facilidad, por eso después de mi fallido intento por salirme del apestoso lote, me baje de su pinche camioneta y le dije con mi melodiosa voz: ¡Maneja tú, grandísimo animal!
La señora nos veía todavía asustada y él no tuvo más remedio que cambiarse rápidamente de lugar e irnos.
No es fácil aprender a manejar, nadie dijo que lo fuera pero, después de muchas escenas similares, aprendí. Y a final de cuentas lo hice por la única razón por la que mi madre y el extinto novio que tuve querían: por si algún día se necesita. Sinceramente, ¡odio manejar!
Pero no se preocupen, mis queridisimos Choferes del BlogBus me acondicionaron la unidad con piloto automático conectado directamente a una base de datos de GPS satelital que contiene toda la información geográfica pertinente para que ustedes lleguen sanos y salvos hasta su destino.
De seguro ni notaron que detesto manejar, sino hasta que lo dije, ¿ven?, así de buena resultó mi unidad blogbusera, y así también es como llegamos al final de nuestra ruta, no olviden que la tarifa es de dos comments por piocha, tres pa’ los que me vieron las piernas, y sin hacer pucheros que la tarifa la ponen los jefes, no yo.
Traemos hasta ustedes 4 blog-girls, 4 blogstars, 3 rutas imperdibles de la mano de 4 señoritas (porque nos tocó un 2x1), 1 cierre de temporada blogbusera con broche de oro, ¿qué más podemos pedir?
Para empezar tenemos a una mítica escritora, una chica que ha causado sensación y revuelo en cuanto a su trayectoria bloguera, muchos la conocerán y algunos otros mueren por hacerlo, pero aquí en The BlogBus nos complacemos en presentarles a la dama de la narrativa correcta, ella es...
(Aplausos por favor)
¿Qué? ¿Por qué me ven así? No se alarmen, queridos pasajeros, aunque hoy esté a mi cargo la ruta, será un viaje placentero; súbanle que ya casi nos vamos, y si no alcanza lugar, por su seguridá no le vamos a permitir que vaya de pie y va a tener que esperar la siguiente ruta.
¿Todos abordo? Bien, me alegra que estén cómodos y sonrientes, muchachos dejen de verme las piernas que el taco de ojo se cobra aparte y luego no quiero que me salgan con que a Chuchita la bolsearon, así que dirijan sus pécoras miradas a otros horizontes y mejor entremos en materia. Por cierto, si alguien quiere bajar, lamento decirle que se tendrá que esperar a que lleguemos a nuestro destino, soy pésima estacionándome. Entiéndanme, es la primera vez que manejo un autobús.
No, no soy una mala persona, sólo soy sincera: de verdad es la primera vez que voy a conducir un autobús y no lo digo para que se alarmen aparte, para su tranquilidad, contamos con un cuantioso seguro de vida.
En esta ruta, queridos pasajeros, haremos un pequeño flash back: Mi mamá siempre insistió en que debía aprender a manejar puesto que uno nunca sabe cuándo se podría necesitar, mi papá, misógino por excelencia, decía que las mujeres éramos pésimas conductoras y que el mayor porcentaje de accidentes era a causa del descuido y los inservibles reflejos de una mujer, así que no aprendí a manejar hasta que cumplí diecisiete o dieciocho, no recuerdo bien pero, irónicamente, me enseñó el novio que tenía en turno. Él, al igual que mi madre, creía que sería muy útil que yo manejara bien en caso de cualquier emergencia. Léase como emergencia el exceso de alcohol que pudiera correr por sus venas en cualquier momento del finde.
La primera vez fue divertido: un lote baldío, con algunas hierbas y baches pero, mejor aún, sin gente que pudiera morir por mi culpa. Una camioneta con transmisión standard fue quien me llevó por ese lote alrededor de una hora, él me iba indicando cuándo y cómo meter un cambio, y hacía dónde ir, yo obedecía y me sentía orgullosa de mí misma, puesto que alguien me había dicho: si no sabes andar en bicicleta, jamás aprenderás a manejar, en ese momento estaba manejando y seguía sin saber andar en bicicleta. Yay.
Todo iba bien hasta que me señaló la salida. Este imbécil quiere que nos matemos ¡Qué romántico!, pensé; después me negué a salir de ese lote y él, tan comprensivo como siempre, invadió mi sagrado espacio como piloto y empezó a mover el volante hacía la salida. -Ok, si quieres que maneje fuera de este lote lo haré pero bajo tu propio riesgo, le dije.
En el primer intento por salir me gritó: ¡FRENA!, y yo frené de golpe, de verdad me asustó muchísimo su histérico grito, incluso más que el de la señora que gritó cuando vio que íbamos directo a su casa.
Deben saber que soy una persona sensible y no soporto que me griten, altera mis nervios y mi adorable léxico sale con más facilidad, por eso después de mi fallido intento por salirme del apestoso lote, me baje de su pinche camioneta y le dije con mi melodiosa voz: ¡Maneja tú, grandísimo animal!
La señora nos veía todavía asustada y él no tuvo más remedio que cambiarse rápidamente de lugar e irnos.
No es fácil aprender a manejar, nadie dijo que lo fuera pero, después de muchas escenas similares, aprendí. Y a final de cuentas lo hice por la única razón por la que mi madre y el extinto novio que tuve querían: por si algún día se necesita. Sinceramente, ¡odio manejar!
Pero no se preocupen, mis queridisimos Choferes del BlogBus me acondicionaron la unidad con piloto automático conectado directamente a una base de datos de GPS satelital que contiene toda la información geográfica pertinente para que ustedes lleguen sanos y salvos hasta su destino.
De seguro ni notaron que detesto manejar, sino hasta que lo dije, ¿ven?, así de buena resultó mi unidad blogbusera, y así también es como llegamos al final de nuestra ruta, no olviden que la tarifa es de dos comments por piocha, tres pa’ los que me vieron las piernas, y sin hacer pucheros que la tarifa la ponen los jefes, no yo.
